Por un momento, Oliver pensó que le había arruinado la vida. Pero con la misma rapidez, Anna estalló en carcajadas, un sonido tan pleno y genuino que parecía limpiar el aire de la habitación. Oliver se quedó perplejo, atrapado en el torbellino de sus emociones y la inconcebible reacción de ella.
«Oh, Oliver», consiguió decir entre risitas, «¡te has equivocado!». Sus cejas se fruncieron entre la confusión y el alivio. ¿Qué quería decir? ¿Cómo podía haber malinterpretado la situación de forma tan dramática?