La tormenta había amainado y el viento se había convertido en un susurro. Daniel sabía que tenía que irse mientras pudiera. La manada no esperaría eternamente. Le habían dado una oportunidad, pero no sabía por qué
Cuando dio un paso atrás, la mirada de Sombra permaneció fija en él, ilegible. Daniel no estaba seguro de si acababa de ser salvado por un viejo amigo… o si se trataba de una bendición divina. En cualquier caso, sabía una cosa: tenía que salir de allí lo antes posible.