Un gruñido despiadado surcó el aire: ¡era Sombra! El lobo alfa se movió como un rayo y se abalanzó sobre el lobo atacante antes de que pudiera alcanzar a Daniel. Los dos lobos chocaron con una fuerza brutal, rodando por la nieve y chasqueando los colmillos.
Daniel se quedó sin aliento. Sombra lo estaba protegiendo. ¿Significaba eso que se acordaba de Daniel? La manada vaciló, insegura. Por primera vez, Daniel vio un destello de duda en sus ojos. Sin embargo, su líder había tomado una decisión.