Estos indicios sugerían un aterrador ataque animal, lo que despertó su imaginación y aumentó su preocupación. Dentro de la tienda, Avery encontró un pequeño medallón con una foto familiar y una cámara con la tarjeta de memoria casi llena. Estos objetos personales abandonados con tanta crueldad hicieron que Avery se adentrara aún más en el misterio del bosque.
Avery estaba sumida en sus pensamientos cuando un suave gruñido del alce la devolvió a la realidad. La mirada fija del alce la retuvo en su sitio, y cada movimiento que hacía era sutilmente reflejado por su enorme y gentil figura. El alce le indicó que se acercara a un montón de hojas, dio unos pasos y se detuvo para mirar hacia atrás.